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PSIQUIATRÍA

ADICCIONES

21 enero, 2015

Fuente: Alcoholism: Clinical and Experimental Research
Fecha: Enero 2015

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MADRID, 16 (EUROPA PRESS)

Un estudio sobre los efectos del alcohol en el sueño en estudiantes universitarios, que se publica en la edición digital de febrero de ‘Alcoholism: Clinical & Experimental Research’, ha detectado que consumir alcohol antes de dormir no sólo causa un aumento inicial de la potencia delta relacionada con el sueño de ondas lentas (SWS, por sus siglas en inglés) sino que también provoca un incremento en la actividad alfa frontal, que se piensa que refleja los trastornos del sueño.

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“La gente probablemente tiende a centrarse en las propiedades sedantes comúnmente conocidas del alcohol, lo que se refleja en tiempos más cortos para conciliar el sueño, especialmente en los adultos, en lugar de la interrupción del sueño que se produce más tarde en la noche”, señala Christian L. Nicholas, experto del Laboratorio de Investigación del Sueño de la Universidad de Meloburne, Australia.

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En las personas que beben antes de dormir, el alcohol actúa inicialmente como un sedante, marcado por la actividad de la frecuencia delta en el electroencefalograma (EEG) del SWS, pero más tarde se asocia con la interrupción del sueño. Asimismo, se producen disminuciones significativas en la actividad de la frecuencia delta y la potencia con el desarrollo normal entre las edades de 12 y 16 años. Éste es un momento en el que se consume alcohol habitualmente, con un incremento espectacular de la bebida en personas en edad escolar.

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“La reducción de la actividad de la frecuencia delta del EEG que vemos a través de la edad se cree que representa los procesos normales de maduración del cerebro conforme el cerebro de los adolescentes continúa desarrollándose hasta la madurez plena –apunta Nicholas–. Aunque la función exacta del movimiento no rápido del ojo (NREM, por sus siglas en inglés), y, en particular, SWS, es un tema de debate, se cree que refleja la necesidad de sueño y la calidad, por lo que cualquier interrupción puede afectar a las propiedades reconstituyentes subyacentes del sueño y ser perjudicial para el funcionamiento diurno”, detalla.

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Nicholas y sus colegas reclutaron a 24 participantes (12 mujeres y 12 varones) sanos, de entre 18 y 21 años de edad, bebedores sociales que habían consumido menos de siete bebidas estándar por semana durante los últimos 30 días. Cada individuo se sometió a dos situaciones: la ingesta de alcohol antes de dormir, así como un placebo, seguidas por polisomnografía estándar con registros integrales de EEG.

Los resultados mostraron que el alcohol aumenta el poder delta de SWS durante NREM, pero con un incremento simultáneo en el poder alfa frontal. “Para las personas que analizan el sueño en el campo de la investigación del alcohol, nuestros resultados indican que se debe tener cuidado al interpretar los aumentos en los ‘marcadores visuales’ de SWS asociados con el consumo de alcohol”, aconseja.

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Los aumentos de SWS, que tradicionalmente se interpretan como algo bueno, pueden estar vinculados con cambios más sutiles que indican la interrupción del sueño, como los incrementos que hemos observado en la actividad alfa, que se revelan cuando se evalúan componentes más detallados de la microestructura del electroencefalograma del sueño, según Nicholas.

Este investigador destaca que el aumento de la potencia alfa frontal que se produce como resultado de beber antes del sueño probablemente es el reflejo de una alteración de las propiedades normales del sueño NREM de onda lenta. “Se han observado incrementos similares en la actividad alfa-delta, que se asocian con el sueño pobre o no reparador y la función diurna, en individuos con condiciones de dolor crónico”, añade.

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“Por lo tanto, si el sueño se interrumpe regularmente por el consumo de alcohol antes de dormir, sobre todo durante largos periodos de tiempo, esto podría tener efectos negativos importantes sobre el bienestar durante el día y la función neurocognitiva, tales como los procesos de aprendizaje y memoria”, agrega.

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El alcohol no ayuda a dormir, según Nicholas. “El mensaje principal es que el alcohol no es en realidad bueno para dormir a pesar de que puede parecer que ayuda a conciliar el sueño más rápidamente. De hecho, la calidad del sueño que se obtiene se ve significativamente alterada y perturbada”, concluye.

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