El gran viraje

A finales de 1927 la NEP entra en crisis y, aunque en teoría se siguen manteniendo los mismos principios económicos, la práctica comienza a distanciarse de las resoluciones aprobadas en los Congresos. Aparentemente siguen vigentes los fundamentos de la NEP, pero el Partido bolchevique se ve forzado a adoptar medidas excepcionales que los contradicen. Inicialmente, pues, esas medidas extraordinarias son sólo temporales, un paréntesis hasta que las aguas vuelvan a correr por sus cauces habituales. Eso no sucedió porque era la NEP la que tenía un carácter transitorio, la que había supuesto un paso atrás; ahora procedía dar el salto adelante, cambiar otra vez el rumbo y pasar a la ofensiva.

No obstante, nadie cerró oficialmente la época de la NEP, cuya línea pareció seguir vigente. No fue así. A partir de finales de los años veinte se asiste en la Unión Soviética, en todas sus esferas, a un agotamiento por la teoría, a un aburrumiento de las doctrinas, las teorías y las discrepancias. Era el momento de la verdad, de la práctica, de los hechos, de saber si el socialismo daría de comer a los soviéticos, si les abrigaría del frío, les proporcionaría educación, etc. Ni siquiera se habla ya de economía, sino de ponerse en marcha. Por eso el último debate contra los derechistas, en comparación con el anterior contra el izquiedistas, parece ideológicamente pobre. Los bolcheviques querían acabar ya de una vez por todas con aquellas polémicas y empezar a actuar en positivo.

Cuando aún no se habían apagado los rescoldos de la batalla ideológica contra el trotskismo, las medidas excepcionales desataron una nueva polémica en la dirección del Partido, esta vez contra su flanco derecho. Al no cerrarse expresamente la etapa de la NEP, el debate fue bastante confuso porque aparentemente no hay contradicciones entre ambas líneas y, además, ambas niegan la existencia de divergencias para evitar el espectáculo de una nueva ruptura dentro de la dirección del Partido bolchevique. Sin embargo, el debate ideológico y político es intenso y acaba con la derrota de las posiciones de quienes quieren seguir manteniendo a toda costa la NEP.

Aunque en torno al mantenimiento de la NEP se gesta toda una corriente dentro del Partido bolchevique, el más destacado de ellos es Bujarin, que sostenía tesis muy similares a las que luego expuso Jruschov, por lo que merece la pena centrar en él la atención, ya que sus propuestas aparecen, fuera de la Unión Soviética, solapadas por el apoyo del imperialismo a los trotskistas e izquierdistas. No obstante, las tesis de Bujarin son mucho más consistentes y, a pesar de las depuraciones, siguieron impregnando a buena parte de los militantes del Partido bolchevique. Esta influencia deriva de varias causas:

— a causa de la dureza de la lucha contra los izquierdistas, el debate con los derechistas quedó más encubierto para mantener una imagen irreal de unidad que no se podía quebrar a causa de una nueva polémica y que luego volvió a ponerse de manifiesto en la obra de Stalin Problemas económicos del socialismo en la URSS

— aunque la lucha ideológica y política desencadenada en 1927 contra los derechistas concernía tanto a aspectos económicos, como internacionales, políticos y partidistas, el debate aparece centrado sólo en aspectos técnicos y económicos, menos accesibles al común de los militantes; Bujarin insiste en que no está en desacuerdo con los aspectos cardinales de la línea sino simples porcentajes y cifras sobre la acumulación, el gasto público, la inflación, etc.

— en los aparatos económicos soviéticos eran mayoría los derechistas, especialmente Rikov, presidente del gobierno, y Tomski, dirigente de los sindicatos; muchos de los economistas provenían del menchevismo.

Pero lo que estaba en juego iba mucho más allá que la política económica. En aquel preciso momento Bujarin era presidente de la Internacional Comunista; por tanto era una figura del máximo relieve y prestigio dentro del movimiento comunista internacional y también en este aspecto se produjeron importantes fricciones.

A grandes rasgos, en el debate sostenido por el Partido bolchevique en 1928 contra los derechistas es fácilmente constatable que Bujarin se aferra como un clavo ardiendo a la alianza obrero-campesina. Repite una y otra vez la necesidad de preservar esa alianza y se acoge a las citas de Lenin de 1921 y a las resoluciones que el Partido había aprobado en sus Congresos. Pero no menciona nunca la dictadura del proletariado, de la cual la alianza obrero-campesina era una forma específica requerida por las condiciones concretas de la Unión Soviética. Tampoco tiene en cuenta que la situación en el campo en 1928 no es la misma que en 1921.

La aprobación del decreto sobre la tierra en 1917 había igualado sustancialmente la situación de los campesinos en Rusia. Los campesinos pobres habían obtenido tierras; los latifundistas habían perdido la suyas. Así que se creó una vasta masa de campesinos medios, de pequeños agricultores que cultivaban la tierra con sus propios medios, con su familia, sin recurrir a mano de obra explotada. Puede hablarse así de una gigantesca masa pequeño burguesa compuesta por unos cien millones de campesinos.

La NEP no era el capitalismo pero, como reconoció Lenin en su artículo sobre las cooperativas, con la NEP hicimos una concesión al campesino como comerciante. Al permitir el comercio privado de esa masa gigantesca de campesinos, la NEP llevaba el germen del capitalismo, y se apreció a finales de los años veinte que ya comenzaban a aparecer diferenciaciones sociales dentro de aquellos campesinos medios. El comercio había reforzado notablemente al kulak, verdadero beneficiario de la NEP.

Era necesaria la contraofensiva porque el socialismo era inviable en esa situación, apenas un islote urbano en medio de un campo mercantilizado.

Los kulaks se defendieron de esta ofensiva y Bujarin fue su portavoz más autorizado dentro del mismo Partido bolchevique. En política económica Bujarin quiso convertir la NEP, que sólo era una fase transitoria, en toda una estrategia de la construcción del socialismo: La integración pacífica del kulak en el socialismo. Además para Bujarin la NEP tiene un valor universal: todos los países del mundo deben contruir el socialismo bajo las recetas de la NEP. Esto la diferencia del comunismo de guerra, que fue un acontecimiento sólo temporal, propio de Rusia y provocado por una intervención militar extranjera. Sin ello no se hubiera puesto en práctica el comunismo de guerra; se hubiera pasado directamente a la NEP. Quizá otros países no necesiten conocer el comunismo de guerra, afirma Bujarin, pero todos pasarán por la experiencia de la NEP, que abarca un largo periodo histórico.

Pero a consecuencia de las críticas de su propio Partido, Bujarin también matiza y suaviza luego esas expresiones, como cuando apunta sutilmente: El rasgo específico de la URSS no es la NEP propiamente dicha, sino las proporciones de la NEP. Es en ese terreno, en lo puramente cuantitativo, donde él quiere mantener el tono de sus divergencias con la mayoría de la dirección del Partido bolchevique, en la medida. No parece ser un debate de fondo, de principios, sino de pura economía, entre los que quieren mucha o poca NEP (pero siempre NEP al fin y al cabo). La dosis exacta de NEP que quiere Bujarin recuerda su teoría de las crisis económicas, que son meras desproporciones entre los sectores productivos, consecuencia de la falta de planificación.

 

NIKOLAI BUJARIN

Pero la NEP, como bien dice Bujarin en otro inciso, se carácteriza por las relaciones mercantiles y lo que él pretende no es otra cosa que liquidar las relaciones de mercado sobre la base de estas mismas relaciones mercantiles. Al igual que los economistas burgueses liberales, Bujarin es partidario de dejar actuar libremente a las fuerzas del mercado porque ellas acabarán con el propio mercado. Sobre la economía de mercado no se puede intervenir, y mucho menos dirigir. Inverosímil pero cierto; esta tesis contradice la experiencia histórica de siglos: Se desprende de aquí que la planificación no tiene ningún sentido, aunque Bujarin sólo se expresa en contra de la planificación centralizada. Pero una planificación no centralizada no es planificación, conclusión por lo demás coherente con su defensa del mercado y con el debilitamiento de todos los vestigios de órganos del estado, que es la vía para su desaparición bajo el socialismo, es decir, otra muestra de la tendencia anarquizante que Lenin observó en Bujarin. En 1928, Bujarin preconiza un llamamiento a las masas que sólo es posible si se renuncia a una supercentralización, lo cual supondría que se dieran algunos pasos en la dirección del Estado-Comuna, y que se luchara igualmente contra los elementos burocráticos degenerados, absolutamente indiferentes a los intereses de las masas; denuncia así a los funcionarios […] dispuestos a elaborar cualquier plan, aludiendo, sin designarlos, a los economistas del Estado. Ante la perspectiva del I Plan Quinquenal, Bujarin se pronuncia contra una centralización estatal que ahoga las iniciativas. Naturalmente -añadimos por nuestra parte- esas iniciativas sólo podían ser las iniciativas privadas, verdadero santuario del capitalismo.

Muchas de la ideas de Bujarin huelen hoy a neoliberalismo. Él aparece como un defensor a ultranza del campesinado, de todo el campesinado; se negaba a extraer los recursos necesarios para la industrialización de la agricultura porque existían otras fuentes importantes de acumulación. Y alude a la reducción de los aparatos administrativos del Estado mediante la descentralización y la liberación de iniciativas locales, lo cual permitiría la participación real de las masas reales en el desarrollo de las fuerzas productivas.

Lo mismo que decimos de la planificación y de la industrialización, cabe afirmar de la colectivización. La oposición de Bujarin tiene los mismos fundamentos en todos los casos. La colectivización no se podía llevar a cabo más que con la participación de las masas, de los propios interesados, mediante el convencimiento y la persuasión. Nada decía sobre cómo conseguirlo en caso de negativa, ya que la NEP debía durar todo un largo periodo histórico. Mientras tanto sólo cabía esperar…

FUENTE: http://pcoe.net/Libros%20digitales%20autores/STALIN/stalin%20biografia/stalin-6.htm#c2

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